Nota 2: Algunas situaciones donde presenciamos la hegemonía en nuestras vidas
(Todas las notas presentes corresponden a cuestiones adicionales acerca de un tópico discutido en una entrada del blog. Estas notas, evidentemente, no encajaban completamente con el contexto discutido en sus respectivas entradas.)
Nota correspondiente a la entrada: "La hegemonía versus los corpiños de la discordia".
Al mismo tiempo que nos proponían escribir un poco sobre la hegemonía, comenzamos a pensar en situaciones que realmente nos hayan hecho cuestionar que algo raro estaba pasando, ese "algo" siendo la base hegemónica del sentido común. Las siguientes situaciones son relatos reales que denotan la hegemonía en varios sentidos, tanto en las acciones en sí mismas relatadas, como en algunas de nuestras reacciones por nuestra parte (por ejemplo: aceptación).
No te pares "como una nena".
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| Captura de pantalla del mensaje original enviado minutos después de la secuencia. |
"Una vuelta me encontraba parado frente a la Casa de la Cultura de Adrogué, esperando para entrar a cursar el Espacio de la Práctica Docente de segundo año. Esto fue aproximadamente a mitad del año pasado (2017) y parecía ser un día más del montón, cuando justo algo captó mi atención: una chica joven pasaba caminando de la mano con su hijo de aproximadamente 5 años, cuando decidió que quería sacarle una foto. El niño se posa cerca de las escaleras de entrada al edificio, mientras que la madre prepara su celular muy contenta. Ella intenta sacarle un par de fotos mientras él posaba, pero algo realmente la molestó. En un momento le dice: "¡parate como un hombre, no como una nena!". El niño, desconcertado, intenta cambiar su pose para ver si le agradaba a su madre, pero no fue suficiente. Frustrada, la madre guarda su celular y le exclama: "¡vos no sos un hombre!", y continuaron su camino hacia Avenida Espora. Al ver la secuencia noté que algo no estaba bien, me estaba impactando lo que la madre le decía, pero al mismo tiempo me vi incapaz de reaccionar más que con una mirada de desconcierto." -Sebastian.
En este caso, la hegemonía actuó tanto en la suposición de que ciertas posturas corresponden a hombres y ciertas a mujeres, como también en la aceptación de esa misma situación (que por ende termina legitimando su práctica).
Conducción peligrosa sólo por piropear una mina.
"Historias de piropos en la calle conocemos un montón -desgraciadamente-, pero la que presencié recientemente fue simplemente increíble, tanto por el atrevimiento del hombre en cuestión, como por el grado inmenso de estupidez de su parte. El pasado sábado 28 de abril me encontraba regresando de hacer unas compras con mi mamá. Eran alrededor de las 8 de la noche y cuando estábamos por llegar a la esquina de mi casa, justo vemos una chica que venía frente a nosotros y que estaba encarando para cruzarse de vereda. El no había demasiado tránsito y la noche estaba lluviosa, cuando de repente un sujeto en un coche no sólo intenta adelantar al coche que venía delante suyo, sino que al mismo tiempo intentó sacar la cabeza por la ventanilla y piropear a la chica que justo le quedaba a pocos metros. Todavía debatimos con mi mamá sobre si de verdad el tipo alcanzó a decirle algo a la chica (ella sostiene que sí, pero yo realmente no alcancé a escuchar nada). Lo que no discutimos es que la acción fue riesgosa para todos y todas, y que el tipo es, lisa y llanamente, un pelotudo." -Sebastian.
Aunque no hace falta aclararlo, en este caso el pensamiento hegemónico es el que sostiene la práctica del piropo como "algo lindo" para las minas. Ni hablar de la conducción riesgosa del machito en cuestión. ¡Qué muestrario!
En este caso, la hegemonía actuó tanto en la suposición de que ciertas posturas corresponden a hombres y ciertas a mujeres, como también en la aceptación de esa misma situación (que por ende termina legitimando su práctica).
Conducción peligrosa sólo por piropear una mina.
"Historias de piropos en la calle conocemos un montón -desgraciadamente-, pero la que presencié recientemente fue simplemente increíble, tanto por el atrevimiento del hombre en cuestión, como por el grado inmenso de estupidez de su parte. El pasado sábado 28 de abril me encontraba regresando de hacer unas compras con mi mamá. Eran alrededor de las 8 de la noche y cuando estábamos por llegar a la esquina de mi casa, justo vemos una chica que venía frente a nosotros y que estaba encarando para cruzarse de vereda. El no había demasiado tránsito y la noche estaba lluviosa, cuando de repente un sujeto en un coche no sólo intenta adelantar al coche que venía delante suyo, sino que al mismo tiempo intentó sacar la cabeza por la ventanilla y piropear a la chica que justo le quedaba a pocos metros. Todavía debatimos con mi mamá sobre si de verdad el tipo alcanzó a decirle algo a la chica (ella sostiene que sí, pero yo realmente no alcancé a escuchar nada). Lo que no discutimos es que la acción fue riesgosa para todos y todas, y que el tipo es, lisa y llanamente, un pelotudo." -Sebastian.
Aunque no hace falta aclararlo, en este caso el pensamiento hegemónico es el que sostiene la práctica del piropo como "algo lindo" para las minas. Ni hablar de la conducción riesgosa del machito en cuestión. ¡Qué muestrario!

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